"..el aumento del control sonoro que ofrece el almacenamiento digital será más importante para nuestra comprensión del universo del sonido y del contexto de la experiencia musical, que para nuestras experiencias musicales como tales. La mejor manera de expresar esto es diciendo que actualmente no existen situaciones sin música. La música está en todas partes, dentro y fuera del hogar. Se ha convertido en ruido, ya no es una comunicación, sino un vehículo para la comunicación, en las bandas sonoras, en los anuncios, como fondo permanente de cualquier actividad social o íntima. De esto se deducen varias cosas. Primero, ya no tiene sentido hablar de la unidad de una obra musical. La música se ha convertido en algo esencialmente fragmentario. Segundo, la distinción entre música y ruido define la diferente atención que se le presta al sonido, en vez de la calidad del sonido en sí misma. El mismo concierto de Mozart ocupa el tiempo de espera en un contestador automático, cuando se hojean libros en una librería de viejo y cuando significa algo trascendente en una sala de conciertos. Y si la música puede convertirse en ruido, éste puede convertirse en música."
Al decir que la música ya no es comunicación, Frith apunta a que ésta ya no tiene significado inherente o principal, sino que se exacerban sus escuchas múltiples (quizás esto sea lo inherente...). El acceso irrestricto potencia la multiplicidad de escuchas y diversifica los usos de la música.
Otra lectura iría más bien por el lado de la integración de instrumento y contenido: la música es vehículo para la comunicación y los vehículos para comunicación también pueden convertirse en música.
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